martes, 31 de mayo de 2011

La Patrulla-X de Neal Adams

Una obra maestra absoluta, que marcó a fuego a La Patrulla-X




El éxito alcanzado por Marvel a lo largo de sus décadas de existencia puede llegar a confundir a algunos aficionados, que desconocen cuán precarios fueron sus inicios. En aquel entonces, a comienzos de los años sesenta y bajo el empuje de Stan Lee y su equipo de dibujantes, la estructura de la editorial era precaria. Con dificultad se había mantenido activa y presente durante el periodo inmediatamente anterior. En aquel difícil renacimiento, sus acuerdos de distribución le permitían lanzar apenas ocho cabeceras cada mes, por lo que personajes como Thor o Iron Man tuvieron que arrancar en series ya establecidas. Y no todos los héroes lograron consolidarse. Algunos, como el caso de Hulk, incluso pasaron por un periodo de cancelación. Otros, como el caso que nos ocupa, entraron en un lento declinar.

Con fecha de septiembre de 1963, dos nuevos títulos de Marvel vieron la luz: Los Vengadores y La Patrulla-X. Ambos estaban realizados por Stan Lee y Jack Kirby y contaban con todo el potencial posible para alcanzar la aclamación de los aficionados. Sin embargo, su fortuna fue diametralmente dispar. Mientras Los Vengadores terminarían por convertirse en el título central del Universo Marvel, La Patrulla-X nunca vivió un ímpetu equiparable en aquellos primeros años. La idea original consistía en un grupo de jóvenes que pertenecen a la raza emergente de los mutantes, reunidos por el Profesor Charles Xavier para luchar por la coexistencia con la humanidad y combatir a aquellos que supongan un peligro para la misma. Bajo esos presupuestos, Stan y Jack marcaron la pauta de la colección durante sus primeros tiempos, en los que presentaron conceptos tan sugestivos como Magneto, la Hermandad de Mutantes Diabólicos, el Juggernaut, la Tierra Salvaje o Los Centinelas. Sin embargo, tras la marcha del equipo creador de la cabecera, ésta perdió en gran medida el interés de los lectores. Aquel puñado de chavales de aspecto un tanto extravagante no acababa de engancharles. El guionista Roy Thomas tomó algunas llamativas decisiones, como dotar a los miembros del equipo de uniformes diferenciados, lo que certificaba su entrada en la mayoría de edad. Insistiendo en este aspecto, el Profesor Xavier murió, dejando a sus alumnos huérfanos, pero obligándoles así a madurar. Sin embargo, tales esfuerzos no lograron los resultados previstos. A finales de los años sesenta, si La Patrulla-X quería seguir adelante, necesitaba un revulsivo.

Y lo encontró, gracias a un dibujante que, por aquel entonces, ya se había convertido en una leyenda del cómic, y respondía por el nombre de Neal Adams. Neoyorquino nacido en 1941, Adams se había ya labrado toda un nombre en la industria, fundamentalmente gracias a su espectacular labor en DC Comics, donde había reinventado a Batman, transformándole en la criatura de las sombras que ha llegado hasta nuestros días. Dibujante de estilo espectacular y realista, Adams destacaba también por sus atrevidas composición de página, en la que se evitaba la tradicional estructura en viñetas rectangulares para concebir la plancha como un todo narrativo.

Cuando surgió la posibilidad de que trabajara para Marvel, un entusiasmado Stan Lee le ofreció algo que no concedía a cualquier dibujante: le daría la colección que pidiera. Cualquiera. Lejos de solicitar ocuparse del mayor éxito de la editorial, Adams preguntó cuál era el título que menos ventas tenía. Se trataba de The X-Men, y ésa fue la serie que Adams eligió.

En ese punto, La Patrulla-X estaba inmersa en medio de una aventura en la que Alex, el hermano de Cíclope, había sido secuestrado por un egipcio que se hacía llamar el Faraón Viviente. ¿Cuáles eran los motivos para hacerlo? En The X-Men #56 USA (1969), los lectores no sólo encontrarían la respuesta, sino también a Neal Adams, cuyo arte suponía una ruptura absoluta con la estética anterior, convirtiéndose en un cómic único. Cada protagonista adquiría, de verdad, individualidad propia, tanto en sus rasgos físicos como en su manera de moverse. Las alas del ángel parecían estar hechas de plumas de ave o La Bestia se movían como un simio. Las expresiones de todos ellos, faciales y también corporales, reflejaban emociones creíbles y humanas: rabia, miedo, excitación. Como un consumado cineasta, Adams colocaba su punto de vista allá donde el lector pudiera sentirse partícipe de lo que está ocurriendo, adaptándose a los movimientos de los personajes.

La llegada de aquel dibujante a La Patrulla-X fue una revolución en toda regla, que influyó en gran medida al guionista Roy Thomas, más inspirado que nunca. Durante los meses siguientes, colocó a los mutantes en un ciclo de aventuras encadenadas, a cual más espectacular. Los pilares básicos sobre los que Stan y Jack construyeran la colección fueron reexaminados, reconstruidos, reinventados, y uno a uno desfilaron como si nunca antes hubieran existido, a la par que se añadían nuevos hallazgos, como el villano Saurón, cuyo nombre era un homenaje de Thomas a El señor de los anillos, aunque nada tuviera que ver con éste, más allá de su extremada maldad. La labor de Adams impresionó a todos. Incluso el dibujante Don Heck imitó su estilo, cuando tuvo que sustituirle en un episodio.

Sin embargo, todo ese caudal de imaginación y épica fue insuficiente. En una época en la que cualquier cambio en las cifras de ventas tardaba mucho tiempo en conocerse, y era aún más complicado reaccionar, la editorial decidió cancelar The X-Men, basándose en cifras por actualizar que no reflejaban la hipotética mejora que habría traído la presencia de Adams. “La operación fue un éxito, pero el paciente murió”, ironizaba Thomas al respecto, quien al menos tuvo la oportunidad de seguir colaborando con el dibujante en otra colección en la que también harían historia: Los Vengadores.

The X-Men #66 USA (1970) fue el último número en presentar aventuras inéditas. A partir de entonces, durante cinco años y veintiocho entregas, la cabecera acogería reediciones de viejas historias. Hasta 1975, no se produciría la conocida como “Segunda Génesis”. La Patrulla-X renacería entonces de sus cenizas, y con Chris Claremont y John Byrne al frente, llegarían a convertirse en el mayor éxito de la Casa de las Ideas. Fue entonces cuando Marvel se animó a reeditar la etapa Thomas/Adams, y muchos aficionados pudieron verla por primera vez. Descubrieron entonces que el tono de epopeya sin fin, de drama más grande que la vida que impregnaban las aventuras de Claremont y Byrne, e incluso los personajes y escenarios adoptados, ya estaban presentes, de una forma embrionaria, en aquellos pocos cómics de los que nunca habían oído hablar y que ahora se editan por primera vez en castellano, a color y en su formato original, incluyendo también el episodio realizado por Heck, así como el que sirvió para cerrar la primera época de los mutantes, que tampoco llegó a dibujar Adams.
La Patrulla-X de Neal Adams y Roy Thomas fue el más impresionante canto de cisne que haya conocido jamás la industria del cómic, pero también un presagio del esplendor que habría de venir.

Julián Clemente

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